Las manualidades tradicionales como el ganchillo, el bordado y la cerámica están experimentando un auge inesperado entre la Generación Z, según recoge Xataka. Actividades que hace pocos años se consideraban pasadas de moda están viviendo una segunda juventud impulsada por la necesidad de desconexión digital, la búsqueda de autenticidad y el valor terapéutico de crear algo con las propias manos.
Eventos multitudinarios y mercado en expansión
La feria Love Yarn Madrid, celebrada en 2026, se consolidó como la mayor de Europa dedicada a la lana, el crochet y el ganchillo. Con 14.000 metros cuadrados de exposición, más de 120 expositores internacionales y más de 60 talleres, las entradas se agotaron en solo tres días, evidenciando la enorme demanda de estos encuentros entre jóvenes aficionados.
El mercado mundial de artesanía alcanzó en 2024 un valor de 47.350 millones de dólares, según The Business Research Company, con proyecciones que superan los 67.000 millones para 2030. Plataformas como Etsy registraron en 2022 ventas brutas de 11.800 millones de dólares, con 94 millones de compradores y 7,3 millones de vendedores. Por su parte, Technavio estima que el mercado global de tejido y crochet crecerá 10.690 millones de dólares entre 2024 y 2028.
Desconexión digital y bienestar mental
El fenómeno, denominado granny core (actividades de abuela) por medios como The Wall Street Journal, responde a múltiples factores psicológicos. En una vida saturada de pantallas y estímulos digitales, las manualidades ofrecen una vía accesible para reducir el estrés y mejorar la concentración.
Estudios del Mental Health Center de San Diego enumeran los beneficios de la desconexión digital y recomiendan específicamente «aficiones creativas como la pintura o las manualidades» como entretenimientos analógicos saludables. Otra investigación médica califica la participación en actividades artísticas y de artesanía como «herramienta accesible y asequible para la salud pública», señalando beneficios significativos para el bienestar emocional.
Estas actividades fomentan la creatividad y generan una sensación de logro y propósito. Frente a la uniformidad de los productos industriales, los objetos hechos a mano representan lo genuino y lo exclusivo, ya que cada pieza tiene su propio proceso. Además, no requieren grandes inversiones y permiten experimentar y mejorar habilidades, lo que refuerza la autoestima y la sensación de autosuficiencia.
Redes sociales: difusoras paradójicas
Paradójicamente, las redes sociales han jugado un papel clave en la difusión de estas prácticas analógicas. Plataformas como Pinterest y TikTok distribuyen tutoriales e ideas, mientras que influencers especializadas como mindfulmantra_embroidery, Yolanda Andrés, Sarah K. Benning y Cristina Chanche acumulan millones de seguidores con contenido dedicado al bordado, ganchillo y otras técnicas.
La pandemia como punto de inflexión
El confinamiento de 2020 actuó como catalizador. The Guardian detectó ese año un incremento del 140% en personas que se iniciaban en el ganchillo en Reino Unido, sumando un millón de aficionados. Las restricciones de movimiento, la necesidad de nuevos pasatiempos y la importancia redoblada de las comunidades online para forjar amistades hicieron el resto.
La pandemia también propició el resurgimiento de negocios domésticos de ropa hecha a mano. A través de plataformas como Etsy, Instagram, Wallapop, Vinted y Shopify, miles de personas montaron tiendas rudimentarias de artesanía, revalorizando la moda de autor y cambiando la percepción del consumidor hacia productos hechos a mano.
Conexión generacional y slow fashion
Aprender estas técnicas permite a los veinteañeros conectar con sus raíces familiares y culturales, compartiendo tiempo y experiencias con familiares mayores. Este elemento de transmisión generacional se había perdido en la era digital, y su recuperación implica crear recuerdos y fortalecer la identidad familiar.
En la industria de la moda, el resurgimiento del bordado y el ganchillo supone un giro hacia lo artesanal y sostenible, aspectos muy valorados por determinados sectores de consumidores. Las técnicas manuales abanderan el movimiento slow fashion, que promueve el consumo de ropa de forma ética y consciente, con defensores tan relevantes como Dior, Valentino, Batsheva Hay y Ganni.
Los European Artistic Crafts Days, bajo el lema «The Golden Thread», subrayan cómo la artesanía actúa como hilo invisible que une pasado y presente, consolidando una tendencia que va más allá del mero entretenimiento para convertirse en una forma de vida más consciente y conectada con las tradiciones.
