Un Airbus A350-1000ULR aterrizó este martes en Toulouse tras permanecer 24 horas y 24 minutos en el aire sin tocar tierra, completando una de las pruebas de vuelo más largas jamás realizadas por un avión comercial. Según reporta Xataka, el aparato no transportaba pasajeros, sino pilotos, ingenieros, cinco toneladas de instrumentación y más de mil sensores destinados a registrar el comportamiento de la aeronave durante una misión de larga duración extrema.
La trayectoria recorrió 16.889 kilómetros: despegue desde Melbourne, avance sobre el Pacífico hacia el noreste, cruce de Estados Unidos y Canadá, travesía del Atlántico Norte, sobrevuelo del Reino Unido y descenso final en el sur de Francia. Toulouse alberga la línea de montaje final del A350, y el objetivo de la prueba era demostrar un tiempo de bloque de 23 horas —suficiente para cubrir hasta 21 horas y 40 minutos de vuelo efectivo— conservando margen para rodaje, esperas en pista o desvíos imprevistos.
Airbus venció a Boeing en el concurso de Qantas
Qantas eligió al A350-1000ULR en 2019 como su avión para el ambicioso programa Project Sunrise, que busca operar vuelos directos entre Sídney y Londres sin escalas. Boeing compitió con el 777-8, miembro de la familia 777X, pero la aerolínea australiana formalizó en mayo de 2022 el pedido de 12 unidades del Airbus, citando condiciones comerciales, eficiencia de combustible, costes operativos y la trayectoria probada del motor Rolls-Royce Trent XWB-97.
El primer A350-1000ULR voló el 2 de junio, y desde entonces Airbus ha acumulado datos sobre gestión de combustible, climatización de cabina y sistemas de descanso para tripulación durante operaciones prolongadas. El fabricante europeo clasifica estas misiones como vuelos de desarrollo, etapa previa a las certificaciones y autorizaciones necesarias para el servicio comercial.
Más combustible y menor densidad de asientos
El A350-1000ULR conserva la estructura del A350-1000 convencional, pero añade un depósito central trasero con capacidad para 20.900 litros de queroseno, eleva el peso máximo de despegue y refuerza los sistemas de cabina para misiones de muy larga duración. Incorporar ese depósito obligó a modificar el sistema que gestiona la transferencia de combustible, crítico para mantener el equilibrio del avión a lo largo de más de 20 horas de vuelo.
Qantas ha optado por una cabina de baja densidad con solo 238 plazas: seis suites First, 52 Business, 40 Premium Economy y 140 Economy (incluyendo 42 Economy Plus). Más del 40% de los asientos se reservan a clases Premium. Cada suite First tendrá una cama de dos metros, un sillón reclinable independiente y espacio para trabajar o comer acompañado. Las 52 suites Business, en configuración 1-2-1, ofrecerán acceso directo al pasillo, puerta corredera y cama completamente plana.
Premium Economy contará con disposición 2-4-2 y aproximadamente un metro entre filas, mientras que Economy tendrá configuración 3-3-3 con 83,8 centímetros de separación, pantallas de 13,3 pulgadas y puertos USB-C. El avión también incluirá una zona de bienestar donde los pasajeros podrán caminar, estirarse, hidratarse y seguir ejercicios en pantalla, además de 12 escenas de iluminación programadas para acompañar el sueño y facilitar la adaptación al huso horario de destino.
Sídney-Londres en un solo vuelo para octubre de 2027
Qantas prevé estrenar la ruta Sídney-Londres en octubre de 2027, sujeto a las certificaciones y autorizaciones pendientes, con Nueva York como siguiente destino. En 1947, aquella travesía suponía cuatro días y siete escalas; Project Sunrise pretende convertirla en un único vuelo de cerca de 20 horas. No es la primera vez que se realizan demostraciones de vuelos ultralargas —Qantas voló Londres-Sídney con un 747-400 en 1989, y Boeing demostró 22 horas y 42 minutos con un 777-200LR en 2005—, pero sí será la primera vez que se convierte en servicio comercial diario y viable con carga completa de pasajeros y equipaje.
El desafío técnico, operativo y regulatorio es considerable. Pasar casi un día entero a bordo plantea exigencias sobre tripulación, confort, seguridad y certificación que no tienen precedentes en la aviación comercial regular. Airbus y Qantas están apostando por que la tecnología, el diseño de cabina y la demanda del mercado justifiquen la inversión.
