En julio de 2026, IBM sufrió su peor sesión bursátil desde 1968: un desplome del 25,21% tras adelantar cifras decepcionantes del segundo trimestre. Sus acciones acumulan una caída del 30% en lo que va de año. Para una empresa que en los años 80 dominaba el mundo tecnológico sin rival aparente, el contraste es brutal.
Según reporta Xataka, en 1985 IBM alcanzaba un valor bursátil de 90.000 millones de dólares (unos 270.000 millones ajustados a la inflación actual) y beneficios anuales superiores a 50.000 millones (150.000 millones en términos actuales). Era el gigante indiscutible, apodado «Big Blue», que lideraba el mercado de ordenadores centrales y se preparaba para dominar la era del PC.
El error con Microsoft: perder el control del software
El primer tropiezo llegó en 1980. IBM, que no había conseguido licenciar el sistema operativo estándar CP/M para sus nuevos ordenadores personales, cerró un acuerdo con Microsoft, una pequeña firma que nunca había desarrollado un sistema operativo. Microsoft adquirió los derechos íntegros del QDOS (rebautizado como 86-DOS y luego MS-DOS) y negoció una cláusula decisiva: conservaba la propiedad de MS-DOS y podía vender licencias a terceros.
IBM había subestimado el valor del software. Al optar por componentes de hardware genéricos y baratos para abaratar sus equipos, facilitó la aparición de clones compatibles. En cuestión de años, el mercado se llenó de ordenadores de terceros con MS-DOS, y Microsoft pasó de ingresar 19 millones de dólares en 1981 a 140 millones en 1985. En 1993, Microsoft superó en valor a una IBM en caída continua.
Cuatro décadas de oportunidades perdidas
Después del fiasco con MS-DOS, IBM encadenó decisiones desafortunadas. En 2005 vendió su división de PCs a Lenovo, empresa que ya fabricaba sus equipos. No consiguió liderar las búsquedas online ni posicionarse de forma relevante en la nube pública. Y el golpe más reciente: tras una década de promesas con Watson —su apuesta por la inteligencia artificial conversacional—, llegaron ChatGPT, Claude y Gemini, dejando a IBM fuera del foco en IA generativa. Google sigue apostando por integrar Gemini en más productos, mientras Watson quedó relegado a un nicho empresarial.
Pese a ello, IBM no está fuera del juego. Lidera en computación cuántica, reforzó su posición en software empresarial con la compra de Red Hat en 2019 y acumula miles de millones en contratos de IA generativa para el sector corporativo. Pero su impacto es solo una sombra del que tuvo en los 80, y para muchas generaciones de usuarios su nombre apenas resuena.
El fantasma de IBM acecha a otros gigantes
La caída de IBM se ha convertido en un recordatorio constante para las grandes tecnológicas. El riesgo de perder un trono por no adaptarse a tiempo, de subestimar nuevas tendencias o de ceder el control de activos estratégicos es real. En un mercado donde empresas como Apple redefinen modelos de negocio con programas de suscripción y otras apuestan por ecosistemas propietarios, el legado de IBM sigue siendo una lección vigente sobre la fragilidad del liderazgo tecnológico.
