Meta prepara unas Ray-Ban sin cámara para esquivar el estigma social de las gafas con grabación

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Las Ray-Ban Meta están vendiendo bien, pero empiezan a generar incomodidad social. Varias mujeres contaron a Wired que descartaron citas tras descubrir que la otra persona llevaba estas gafas y, en algunos casos, las había grabado sin permiso. Como reacción, apareció la app ZuckOff, que detecta señales Bluetooth de gafas Meta cercanas y avisa al usuario. El problema no es la tecnología: es quién paga el coste de usarla.

Según el análisis de Xataka, cuando una tecnología se normaliza es porque el coste social lo asume quien la usa. Los auriculares Walkman o los manos libres de principios de siglo podían parecer raros, pero el «ridículo» era solo del usuario. Las gafas con cámara rompen esa regla: quien lleva el dispositivo obtiene las ventajas (grabar desde su perspectiva, capturar recuerdos cotidianos), mientras que quienes están delante asumen el riesgo. Tienen que identificar el modelo, localizar la cámara y vigilar si el piloto LED está encendido.

Luna: gafas sin cámara para volver al equilibrio

Meta ha desarrollado Luna, nombre en clave de unas próximas gafas que no incorporan cámara. Mantienen altavoces, micrófonos y asistente de IA. Según Reuters, su presentación podría producirse en los próximos días. La lógica es clara: mucha gente quiere interactuar con una IA sin cargar con el estigma de la cámara visible, y algunos espacios ya han prohibido la entrada a las Ray-Ban Meta con grabación.

Sin cámara, las gafas vuelven al patrón del Walkman: si hablar con tus gafas resulta extraño, quien queda raro eres tú, y nadie más se juega nada. Además, se centran en lo que la mayoría hace a diario con ellas: escuchar música y podcasts, atender llamadas y lanzar alguna consulta en voz alta. El mundo de la IA generativa atraviesa un momento de debate sobre seguridad y privacidad, y estas gafas son un reflejo más de esa tensión.

El miedo visual frente a la vigilancia sonora

Hacer fotos desde la altura de nuestros ojos es una ventaja indiscutible para generar recuerdos inmediatos desde nuestra perspectiva habitual, reconoce el análisis original. Pero fuera de círculos de confianza, llevar una cámara en la montura suele generar inquietud. El temor es sobre todo visual: la cámara se ve, es un ojo. En cambio, llevamos quince años con micrófonos en el bolsillo y apenas nos acordamos de ellos. Unas gafas con seis micros generan mucha menos alarma que una sola cámara, aunque lo que decimos suele ser más íntimo que lo que se ve.

Esta categoría de producto tendrá que aprender algo que Meta intentó evitar: que se note qué gafas no pueden grabar. Que sea fácil reconocer que son unas gafas de Meta pero aún más fácil identificar que son las que carecen de cámara. Si Meta lo consigue, el camino estará despejado. Es probable que acabemos aceptando que un dispositivo nos escuche a todas horas (como plantean los nuevos Apple Watch) antes que permitir que mire a quien tenemos delante.


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