La preservación del patrimonio digital ha sufrido un nuevo golpe esta semana. Alemania ha decidido disolver la Internationale Computerspielesammlung (ICS), uno de los archivos públicos de videojuegos más ambiciosos de Europa, después de que la financiación pública que lo sostenía expirara a finales de abril de 2026. Según informa GamesWirtschaft, el Gobierno federal rechazó renovar su parte del presupuesto y los socios votaron por unanimidad cerrar la sociedad.
El archivo reunía más de 60.000 registros de videojuegos aportados por instituciones como el Computerspielemuseum de Berlín, la USK (entidad alemana de clasificación por edades), la asociación sectorial game y el centro de investigación DIGAREC. La colección abarcaba desde cartuchos y disquetes hasta Blu-ray, cajas, manuales, materiales asociados y hardware de diferentes épocas. Sin embargo, lo que estaba accesible públicamente desde abril de 2019 era únicamente la base de datos digital, no los juegos en sí. Las piezas físicas permanecen en manos de las entidades propietarias.
Un proyecto que aspiraba a mucho más
La ambición de la ICS iba más allá de catalogar títulos. El proyecto pretendía centralizar todos los fondos dispersos entre sus socios y convertirlos en una herramienta estable para investigadores, medios y especialistas. El plan incluía facilitar el acceso mediante emulación automatizada y establecer una sede pública permanente en la región de Berlín. Esa segunda fase nunca llegó a consolidarse. Aunque existía un repositorio funcional, faltaban la institucionalización permanente, la sede física y el sistema de emulación previsto.
Las ayudas económicas procedían del Senado de Berlín y del comisionado federal de Cultura, pero estaban vinculadas a una fase temporal del proyecto. Cuando la política de videojuegos pasó en 2025 al Ministerio Federal de Investigación, Tecnología y Espacio, este evaluó si podía convertir la ICS en una institución permanente. Finalmente concluyó que el modelo no era económicamente viable dada la escala del trabajo necesario para mantenerlo operativo.
El cierre no borra las colecciones, pero sí su futuro
La disolución no elimina de golpe las colecciones existentes, pero sí deja sin continuidad definida la base de datos compartida y la infraestructura técnica que permitía consultarla. El futuro de esa plataforma permanece bajo revisión jurídica y técnica, sin que exista por el momento una entidad pública dispuesta a asumir su gestión a largo plazo.
El cierre de la ICS coincide en el tiempo con el anuncio de Sony de eliminar copias físicas de PlayStation 6, una decisión que también ha sido criticada por debilitar los mecanismos de preservación. Juntos, ambos movimientos apuntan a un escenario donde la memoria del videojuego no desaparece de una vez, sino cuando se retiran, una a una, las estructuras que permiten mantenerla disponible para futuras generaciones.
Preservar no es solo guardar, es garantizar el acceso
El cierre de la ICS subraya un problema más amplio: conservar videojuegos exige algo más que almacenar discos o ROM. Hacen falta organismos capaces de catalogarlos, mantenerlos y abrirlos a investigadores y público, especialmente cuando dependen de hardware, documentación y sistemas que pueden dejar de existir en pocas décadas. Sin financiación pública sostenida, proyectos de esta escala simplemente no sobreviven.
Lo que ocurre en Alemania es un reflejo de lo que sucede en otros países: la preservación del patrimonio digital sigue siendo una prioridad secundaria en las políticas culturales, a pesar de que cada vez más generaciones han crecido con videojuegos como referente cultural. La disolución de la ICS deja un vacío en Europa que, por ahora, ninguna otra institución pública parece dispuesta a llenar.
