Arizona frena centros de datos hiperscala mientras acoge TSMC sin oposición

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Arizona vive una paradoja. En las afueras de Phoenix, la gigantesca fábrica de semiconductores de Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC) consume cerca de 5 millones de galones de agua al día sin que nadie levante la voz. Pero cuando desarrolladores proponen nuevos centros de datos hiperscala en Tucson o en áreas rurales, miles de residentes salen a la calle y colapsan sesiones de ayuntamientos para frenarlos, según reporta The Verge.

La contradicción no es accidental. TSMC llegó en 2020 con la promesa de revitalizar una economía estancada desde la Gran Recesión. Christine Mackay, directora de desarrollo económico de Phoenix, pasó tres años cortejando a la empresa taiwanesa. El resultado: un complejo de fabricación de chips que ya ha generado más de 3.500 empleos directos y una inversión actualizada de 265.000 millones de dólares, la mayor inversión extranjera directa en la historia de EEUU.

«Ese mismo día dijeron: «Esto puede funcionar»», recuerda Mackay sobre la visita de ejecutivos de TSMC a Biscuit Flats, una extensión desértica del tamaño de Manhattan al norte de Phoenix. El proyecto transformó el paisaje: edificios industriales, parkings interminables y polvo que cubre el aire. Pero también trajo prosperidad tangible y empleos bien remunerados en un estado cuya economía giraba tradicionalmente en torno a las «cinco C»: ganado (cattle), cobre, algodón, cítricos y clima.

Centros de datos: la promesa rota

Los centros de datos hiperscala no han corrido con la misma suerte. Proyectos como Project Blue, de Beale Infrastructure en Tucson, enfrentan una oposición bipartidista sin precedentes. El centro consumiría tanta agua como «más de cuatro campos de golf» al año, según Arizona Mirror, y el cliente final sería Amazon Web Services, según filtraciones obtenidas por medios locales.

En agosto de 2025, la coalición No Desert Data Center organizó una protesta frente al terreno de 290 acres donde Beale construye un centro de 600 megavatios. «Si construyen este centro de datos aquí, hará aún más calor», advirtió Vivek Bharathan, uno de los organizadores, mientras repartía agua a los asistentes bajo el sol de Arizona. Un cartel pintado a mano resumía el sentimiento colectivo: «El centro de datos de Beale nos dejará secos».

La diferencia clave, explican activistas locales, es que los primeros centros de datos en Arizona eran discretos —«edificios de oficinas bonitos», según Mackay— y pasaron desapercibidos. Los nuevos desarrollos hiperscala, en cambio, son masivos, visibles y sedientos, y además llegaron en un momento en que Arizona perderá acceso a casi el 30% del agua que recibe del río Colorado.

Promesas vacías y facturas eléctricas disparadas

El condado de Pima aprobó la venta del terreno a Beale por 20 millones de dólares en junio de 2025, con una votación dividida (3-2). Los desarrolladores prometieron 3.000 empleos temporales de construcción, 200 puestos permanentes bien pagados, y 152 millones de dólares en ingresos fiscales durante la próxima década. También se comprometieron a usar «100% recursos hídricos renovables» y construir 18 millas de tubería a su costa.

Pero horas después de la votación, Tucson Electric Power anunció un aumento de tarifas del 14% de media. Aunque la compañía negó cualquier relación con el centro de datos, la coincidencia encendió la ira pública. Los vecinos señalaron casos documentados de centros de datos disparando las facturas eléctricas en otras comunidades.

Mayra Duron, artista local que incorpora espinas de cactus en sus tejidos de macramé, teme por los icónicos saguaros de la región. «En Phoenix, que está hiperindustrializado, han visto cactus saguaro morir uno tras otro», comentó durante la protesta.

A diferencia de TSMC, cuyos chips alimentan iPhones, GPUs de Nvidia y el 70% del mercado global de semiconductores, los centros de datos hiperscala consumen recursos sin generar el mismo impacto económico local. «Lo damos por normal porque ha sido así durante mucho tiempo. Pero no es normal. Es una catástrofe», resume un activista en el reportaje original.

El desenlace está por verse, pero la batalla ya está en marcha: Arizona acogió a TSMC con los brazos abiertos. Los centros de datos tendrán que pelear cada galón.


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