Pere Navarro, director general de la Dirección General de Tráfico (DGT), ha lanzado un mensaje directo a los conductores multados por radares fijos: si hay un cartel gigante avisando, frenar es de sentido común. Durante una entrevista con El Comercio en el marco de la Convención Nacional de Directivos de la DGT en Asturias, Navarro no ha guardado reservas: «Lo mínimo que puede hacer el conductor es frenar, pasar el radar y luego hacer lo que quiera. A veces decimos que la sanción no es tanto por exceso de velocidad como por tonto», ha declarado según recoge Xataka.
La afirmación pone el foco en los radares fijos señalizados, donde el conductor recibe avisos claros antes de llegar al cinemómetro. Navarro ha añadido que lleva «con resignación» las acusaciones de que la DGT solo busca recaudar: «La velocidad o causa accidentes o los agrava. Y para hacer frente a la velocidad, aquí y en cualquier país del mundo, están los radares».
El efecto canguro: frenar y acelerar
Un reciente metaanálisis australiano ha confirmado que los radares fijos son menos efectivos que los radares de tramo precisamente por el fenómeno que Navarro describe. Los investigadores lo bautizan como «efecto canguro»: el conductor frena al acercarse al radar y acelera de nuevo cuando sabe que lo ha superado. Sin embargo, el mismo estudio señala que la mera presencia de un radar reduce un 20% el número de accidentes, y hasta un 56% los siniestros con heridos graves o fallecidos.
Ese dato justifica, según Tráfico, la instalación de cajas de radares vacías que rotan de ubicación. La señalización y la incertidumbre sobre si hay un cinemómetro dentro hacen que muchos levanten el pie del acelerador de forma preventiva.
Radares móviles y Pegasus: menos avisos, más multas
Aunque Navarro se refiere a radares señalizados, la DGT ha ampliado en los últimos años su despliegue de cinemómetros móviles de pequeño tamaño, prácticamente invisibles, y del sistema Pegasus. Este último consiste en helicópteros equipados con cámaras que multan desde 300 metros de altura y a hasta un kilómetro de distancia, detectando no solo excesos de velocidad sino también adelantamientos indebidos, líneas continuas cruzadas o falta de distancia de seguridad.
El resultado: en 2025 se superaron por primera vez los seis millones de sanciones impuestas en un solo año, según datos de Pyramid Consulting recogidos por Car and Driver. Un récord que alimenta el debate sobre si los radares son una herramienta de seguridad vial o un mecanismo de financiación pública.
Tecnología al servicio de la vigilancia
La evolución tecnológica ha jugado a favor de la DGT. Los radares de tramo, más efectivos según estudios internacionales, cubren distancias largas y obligan a mantener una velocidad media legal durante kilómetros. Los cinemómetros portátiles, por su parte, permiten controles sorpresa en lugares donde antes no había vigilancia. Y Pegasus amplía el rango de acción de Tráfico sin necesidad de patrullas terrestres.
La declaración de Navarro pone sobre la mesa una paradoja: si la sanción es evitable con solo frenar ante una señal, ¿por qué sigue habiendo millones de multas al año? La respuesta puede estar en la combinación de radares señalizados y no señalizados, de tecnología visible y oculta, que convierte la vigilancia en un sistema omnipresente donde el conductor ya no sabe con certeza dónde está siendo observado.
